POR: SALLY OCHOA
REPORTAJE ESPECIAL
Chihuahua, Chih.- La tierra seca anida las huellas, el eco de los pasos ancianos que aún buscan entre las piedras algún indicio de vida. El terreno es yermo, el espacio vacío, estéril, moribundo. Donde antes abundaba la vegetación hoy solo hay ramas secas, álamos de tronco ennegrecido, juncos que exhalan estertores de muerte.
El lecho del río San Pedro, en su paso por el municipio de Meoqui a 73.9 kilómetros de distancia de la capital del estado, se ha reducido a pequeños charcos donde la muerte se infiltra en busca de peces y aves migratorias que le dieron el título de humedal Ramsar.
De la brava corriente que en 2013 llevó al colapso de más de 15 metros del puente sobre el Vado, solo quedan los hilos verdosos estancados en un escenario distópico enmarcado por el sol de noviembre.
A ras de suelo la vista es desalentadora. La superficie quebradiza, con restos blanquecinos de algún mineral o elemento químico presente en el líquido, es un reflejo de la realidad agreste por la que transita el norte mexicano.
La ausencia de lluvias regulares se ha prolongado por mucho tiempo y, aunque en 2025 se registraron algunas precipitaciones pluviales y el monitor de la sequía de la Comisión Nacional del Agua indica que la mayor parte del territorio chihuahuense ha salido de esa condición, la realidad es otra: el temporal lluvioso fue insuficiente para recargar los cuerpos de agua.

El lecho del río parece un estanque rodeado de silencio. Las aves migratorias no aparecen, no hay pelícanos, grullas ni garzas, solo algunos patos, pajarillos locales y arañas que se desplazan cuidadosas por la superficie sedienta. Quizá sean estas últimas las que sobrevivan en un entorno compuesto por ramas deshidratadas y troncos plomizos, quizá no, la muerte en ocasiones no hace diferencias.
Río arriba hay otros charcos; hacia la parte baja del Vado, no hay líquido que vislumbre el recuerdo de la corriente. El rostro de la degradación ambiental se encuentra allí, a unos pasos de los márgenes polvosos cubiertos en algunos tramos por una alfombra de hojas amarillentas de otoño.
Y entonces cabe preguntarse si ¿aún hay esperanza en este páramo? O en este acontecer humano donde la reflexión parece no tener cabida. No hay respuesta, solo el silencio atravesado por el rechinido de las llantas, el ruido incesante de los motores, los gritos de un adolescente, las palabras de un adicto que pide una moneda.
- El río luce como un gran cadáver con un hilo líquido en el centro del cuerpo
A pesar de eso, sobre un bordo en el margen derecho, aún está colocado un letrero de grandes dimensiones que publicita al lugar como humedal Ramsar, reconocimiento internacional que el Vado de Meoqui obtuvo en 2013 por la Convención del mismo nombre, según datos oficiales de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). El nombre suena rimbombante, el letrero despintado y viejo.
Del otro lado, en el margen izquierdo, Roberto Hernández observa desde el mirador el sitio por el que ha transitado 73 años continuos. No hay nada ya, dice, porque la tierra muere lentamente por efectos del crimen, la opacidad y el desinterés oficial.

“Están secándose los arbolitos. Esta temporada llovió cuatro veces, si mucho, pero el agua que cae se la traga la tierra porque está seca. Los pocos pescaditos que quedan están en los canales de riego, los animales se ven flacos”.
Roberto es enfático al señalar que la gente de a pie es la más afectada por la sequía ya que la carencia de líquido, no solo incide en la flora y la fauna, también en la disponibilidad para consumo humano.
“La gente está padeciendo por falta de agua. A veces ya uno ni se baña porque apenas llega a las casas un chorrito para tomar. Ellos, los políticos, no se fijan, les vale que los pueblos se queden desérticos”, apunta el hombre mientras agacha la cabeza y un rictus de desesperanza se dibuja en su rostro curtido por el sol.
El hombre echa una mirada a los años de antes y reflexiona sobre los cambios sociales que se han dado, no solo en los usos y costumbres, sino en los ecosistemas que se extinguen.
“Todo ha cambiado, las personas y las cosas. Lo más triste es que todo está seco. En el río hay animalitos muertos. Los poquitos pescados que se encuentran ya no sirven, están enfermos y la gente se los come así, sin saber que están contaminados”.
Roberto calla, desvía la mirada ante los hombres que se acercan para escuchar lo que él dice. Huelen a alcohol y marihuana, indagan, arrastran las palabras, le dicen algo en voz baja y se van. Roberto guarda silencio.
El sol avanza en lo alto enfilándose al mediodía, el viento sopla ligero, el polvo se levanta abrazado a la hojarasca. El cadáver del río yace inamovible en espera de algo que impulse su último aliento, un milagro quizá.
- El invierno se acerca en el rumor del viento
*Hay una gran presión humana sobre el río San pedro: Maciel
*Desechos, reducción de cauce, cubierta vegetal dañada, convierten al río en un monstruo complejo: Pronatura noreste
Comprender lo que ocurre en el Vado de Meoqui no es sencillo, ya que las condiciones actuales son consecuencia de múltiples causas que pueden no estar a la vista e incluso, encontrarse a cientos de kilómetros de distancia.
Rogelio Maciel miembro de la organización civil Pronatura Noreste, explica que la gente ve el fragmento de río que tiene frente a sí, como si solo fuera eso: un fragmento, pero en realidad el río es un sistema altamente complejo y en el cual inciden múltiples factores.

“La presión humana es mucha. Está la sociedad, los desechos, la reducción del cauce por temas que suceden aguas arriba. Los ríos son monstruos muy complejos. Lo que ocurre en el cauce de un río aquí, tiene que ver con una serie de factores que están a 300 o 400 km de distancia”.
Una represa aguas arriba, la existencia de otras cuencas, zonas de captación azolvadas o una cubierta vegetal dañada, afectan la dinámica de los cuerpos de agua. Además, hay ríos que se mezclan con corrientes subterráneas, lo que aumenta la dificultad del sistema.
Lo que se debe entender, dice Maciel, es que los cambios registrados en el río, y que sí deben ser motivos de preocupación, no obedecen solo a un periodo reciente de sequía de cinco o diez años, sino que es un problema desarrollado a lo largo de décadas.
“Es difícil dimensionarlo. A veces encontramos testimonios respecto a que ese u otro río, tenía corriente todo el año; y a lo mejor ahorita ya nada más tiene corrientes nueve meses y luego ocho meses, siete meses”, explica.
Además, dice, en ocasiones se normalizan las condiciones de los ecosistemas acorde a como se conocieron y eso se toma como línea de partida para una restauración del ecosistema. Sin embargo, la realidad es que ya había un alto grado de deterioro y la situación del ecosistema debe ser como estaba hace cincuenta, cien o hasta más años.

Según información de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la zona de recarga principal del acuífero Meoqui-Delicias, que cubre una superficie de 4 mil 830 kilómetros cuadrados, sigue siendo la serranía occidental, induciendo un flujo subterráneo hacia Meoqui, para después proseguir con rumbo al noreste, hacia Julimes. Los escurrimientos más importantes están representados por el río Conchos y sus afluentes: Parral, Florido, San Pedro y Bachimba.
El abatimiento promedio anual varía de 2.5 a 3 metros en la zona de mayor descenso, localizada al sur y sureste de Delicias, en tanto que, el balance entre la recarga y descarga del acuífero es negativo según consta en el documento denominado “Actualización de la disponibilidad media anual de agua en el acuífero Meoqui-Delicias (0831), estado de Chihuahua” (datos de 2024).
El balance de aguas subterráneas, en el mismo documento, señala que el acuífero tiene una recarga total de 211.2 hectómetros cúbicos (hm3) por año y, una descarga total de 333.9 hm3 /año, por lo que el cambio de almacenamiento en el acuífero es de –122.7 hm3 anualmente.
En este escenario, es donde las más de 200 especies de aves publicitadas como existentes en el sitio Ramsar deben migrar y sobrevivir, al igual que las más de 500 especies de plantas y 800 de insectos.
- La tala ilegal de los bosques afecta gravemente la cuenca de los ríos: ambientalista
*Socialmente no se les da importancia a los ecosistemas denominados humedales: ecologista
La situación que vive el río San Pedro no es privativa solo de ese sitio, la situación se replica en otros puntos como Casas Grandes, Flores Magón, Temósachic y Guerrero en el noroeste del estado, pero también al sur, en Jiménez, Parral y Camargo, afirma el ambientalista Arturo Limón.
En el caso del Vado de Meoqui, dice el entrevistado, no hay aves porque no hay agua. El equilibrio ecológico, punto clave para la supervivencia, se da en el afluente mismo que ahora está afectado desde su origen en las montañas debido a otra problemática que todos ven, pero pocos denuncian.
“Estamos viviendo una acelerada deforestación. Que nadie la comenta porque todos tienen miedo porque los propiciadores de esa deforestación son personas ligadas al crimen organizado. Hay un interés depredador”, señala enfático el entrevistado.
El humedal, agrega, tiene memoria, pero necesita tener también sustento. Es necesario reequilibrar el ecosistema para ayudar a mantenerlo vivo, de lo contrario, se pierde.

La tala ilegal incide en detrimento de ese equilibrio, cuya pérdida se vuelve tangible en los bosques destruidos y con nulas posibilidades de recuperarse, pero también en las cuencas de los ríos donde los efectos son expansivos y degradantes.
A pesar de eso, la extracción maderera clandestina no se detiene. Según información de la Fiscalía General del Estado (FGE), a través de la mesa interinstitucional conformada desde 2022, se trabaja en materia preventiva con acciones encaminadas a inhibir el delito en coordinación con la Secretaría del Medio ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y la Dirección de Desarrollo Forestal de la Secretaría de Desarrollo Rural de Gobierno del Estado.
La Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional, Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) y la Agencia Estatal de Investigación (AEI), se hacen cargo de la parte operativa.
Sin embargo, la estadística de la propia FGE, indica que la conducta delictiva persiste y que en el lapso comprendido entre el 1 de enero y el 31 de octubre de 2025, se iniciaron 12 carpetas de investigación por delitos contra el medio ambiente, lo que significa que por lo menos hay una denuncia por mes. Esto no es reflejo fiel de la realidad, ya que la tala no siempre se denuncia.
Por otra parte, Zaira Torres Máynez, ingeniera en ecología, apunta que socialmente se tiene el concepto de que Chihuahua solo es un desierto y entonces, hay un supuesto de que todo es seco y se quita importancia a los humedales.
Si bien es cierto, explica, el concepto de humedal implica que en ciertas temporadas tiene agua y en otras no, pero, lo que actualmente ocurre obedece a varios factores como la sequía, el cambio climático y la extracción inmoderada de líquido subterráneo.
“La extracción ilegal afecta la cuenca de los ríos, ya que al quedarse el suelo sin vegetación al momento que llueve el agua se escurre y no se aprovecha como debería”.
Acorde con Torres Máynez, otro factor que incide, es el cambio de uso de suelo lo que lleva a que los ecosistemas de pastizales o bosques sean destruidos para construir viviendas o edificaciones diversas.
“En lugar de respetar los ecosistemas tal cual son naturalmente, se construyen casas, empresas e incluso se llega al punto de desviar el curso natural de los ríos, lo que a su vez trae otras afectaciones”, indica.
En este sentido, Limón habla sobre lo que él denomina “miopía ambiental”, al referirse a quien solo ve lo que ve y no lo que es, así como al boomerang ecológico.
“El Vado de Meoqui es un momento del río, y ese momento del río tiene un antecedente y tendrá un consecuente. La gente cree que pueden usarlo como basurero, pero esa conducta tendrá un impacto que se revertirá en algún momento”.
El Instituto del Agua, en su sitio oficial, señala que los mantos acuíferos en Chihuahua, entre ellos el de Meoqui-Delicias, enfrentan graves amenazas como la sobreexplotación, la contaminación por agroquímicos y residuos industriales, así como a los efectos del cambio climático.
- Los humedales Ramsar en Chihuahua
El Vado de Meoqui es uno de los cinco humedales Ramsar que existen en el estado de Chihuahua y forman parte de la ruta migratoria del Centro, una de las tres que cruza el territorio mexicano; la segunda va por el Golfo de México y la tercera por el Océano Pacífico.
Según información de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), las aguas geotermales de Julimes, Laguna de Babícora en Gómez Farías, Laguna Juanota en Balleza y el Lago de las Garzas en Guachochi, se suman al Vado de Meoqui en esta categoría, en donde el agua es el principal factor que controla el ambiente, así como la vegetación y fauna asociada.
En el caso de Chihuahua, explica María Alfaro, miembro del Departamento de Vida Silvestre de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología del Estado (SDUE), aunque es desierto, las aves migratorias aprovechan los humedales existentes para pasar la temporada de frío, de tal forma que, en el lapso comprendido entre octubre y marzo, es posible encontrar gansos, grullas, patos, garzupetas y aves playeras, entre otras especies.

Sin embargo, para avistarlas debe acudirse a los sitios a temprana hora o en su defecto por la tarde, esto debido a que durante el día las aves se desplazan en busca de alimento.
“Ahorita es época de migración y sí hay flujo de aves, pero su comportamiento depende de la especie y la hora en la que se busque. La laguna de Babícora, junto a laguna de mexicanos y laguna de Bustillos son los principales humedales en el estado para las aves migratorias, a pesar de que las dos últimas no están consideradas en la categoría Ramsar”, explica.
En este contexto, el presidente de la Fundación Río Conchos, Víctor Ortiz, señala que el Vado de Meoqui funciona relativamente bien, gracias a que tiene apoyo de la autoridad local, lo que, asegura, no ocurre con las aguas geotermales de Julimes las cuales enfrentan el abandono tanto de la presidencia municipal como de las asociaciones civiles que en el pasado mostraron interés por la conservación.
“Este humedal es un espacio pequeño. Hace tiempo pusieron un cerco perimetral de malla ciclónica, luego gente de la localidad lo robó y después lo volvieron a poner. A pesar de eso el sitio está conservado y la especie endémica denominada Cachorrito de Julimes aún está allí, no se ha extinguido”.
En esa área protegida, agrega Ortiz, se había conformado una Unidad de Manejo Animal (UMA), pero todo quedó en el papel sin acciones claras y efectivas. Además, las visitas que antes se hacían por parte de la WWF y Pronatura, disminuyeron considerablemente, por lo que el sitio está prácticamente en el abandono y subsistiendo por sí mismo.
“Se había puesto un biofiltro para eliminar residuos sólidos urbanos provenientes del drenaje de Julimes, pero se abandonó. Allí sigue, pero no tiene ninguna función, se robaron los implementos de este mecanismo y se redujo a la inutilidad”, apunta.
En ese tenor, Rogelio Maciel de Pronatura, indica que son los propietarios del predio denominado El Pandeño, quienes tienen la autoridad sobre el manejo de este.
Por su parte María Alfaro de la SEDUE, indica que ese es un micro-hábitat tipo manantial aprovechado por los agricultores locales luego de que el agua sale del espacio protegido. Confirma también que el lugar está dado de alta ante SEDUE como UMA.
De manera general, indica Isaac Morales, puede decirse que los humedales están en recuperación gracias a las precipitaciones pluviales registradas durante la temporada de lluvia de 2025.
“Hubo buena lluvia y puede ser que se estén recuperando. En 2023 casi no llovió y la Laguna de Bustillos que se secó por completo era como una muestra de lo que estaba ocurriendo en el resto de los humedales”, explicó.
En este sentido, Maciel destaca que donde hay mayor actividad en materia de humedales, es en Laguna de Bustillos, misma que han buscado obtenga nombramiento Ramsar, sin que hasta el momento se haya logrado.
“Allí hemos hecho mucho trabajo comunitario, en la cuenca media o aguas arriba. Esta es una cuenca cerrada y lo que pasa arriba, en la sierra tiene un impacto bajo la laguna y en la laguna”.
Las principales amenazas que tiene, dice, son la contaminación por agroquímicos, los desvíos del agua y el azolve, por lo que han intentado trabajar en la cuenca alta, haciendo obras de infiltración para retener el suelo, con la intención de que este no termine en la laguna.
- Aves migratorias cambian de sitio para pasar el invierno
*Especies que antes se avistaban en Meoqui hoy están en presas de Chihuahua: SDUE
Los cambios registrados en los humedales del estado a causa de factores como la sequía, la tala de árboles, los cambios de uso de suelo, la contaminación y la depredación en general, han llevado a que las especies busquen espacios distintos para pasar el invierno, llegando incluso a puntos donde antes no se avistaban.
Isaac Morales, Jefe del Departamento de Vida Silvestre de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología del Estado (SEDUE), señala que la irregularidad y escasez de lluvia ha dejado consecuencias diversas, siendo una de ellas el cambio en el proceso migratorio.
“La sequía sí ha pegado mucho al fenómeno migratorio e incluso, algunas de las especies de aves que en años previos se avistaban en sitios como el Vado de Meoqui, hoy las hemos visto en las presas del municipio de Chihuahua”.
Espacios como el Parque Central de Ciudad Juárez, se han convertido también en refugio de aves, que llegan por primera vez al cuerpo de agua del lugar.

El pasado 19 de noviembre, se dio a conocer el avistamiento por primera vez del Clarín norteño (Myadestes townsendi), una especie cuya observación en Juárez no había sido documentada previamente.
El hallazgo destaca no solo el papel de dicho punto como un refugio para la avifauna local, sino además un sitio de descanso, alimentación y resguardo para las especies migratorias.
Isaac Miramontes, encargado de fauna del recinto señaló que, cuando se protege y valora un espacio natural, se convierte en un punto clave para documentar la biodiversidad, comprender rutas migratorias y analizar los patrones de presencia de la fauna silvestre.
Destacó la importancia de observarlas con respeto, no alimentarlas con comida chatarra, evitar perturbarlas y mantener distancia de sus áreas de descanso, con el objetivo de proteger a las especies y garantizar espacios seguros para la vida silvestre.
- La Población en México y su efecto sobre los humedales
En México, según información oficial publicada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la falta de criterios ecológicos en el diseño e implementación de las políticas públicas del siglo XX, derivó en daños severos al ambiente.
La deforestación y la erosión, señala la dependencia, provocaron el azolve y la disminución de caudales de ríos y desecación de manantiales, situación en la que coinciden los ecologistas Arturo Limón y Zaira Torres.
Además, la contaminación por uso excesivo de agroquímicos, así como las descargas industriales y aguas residuales provenientes de los asentamientos humanos, constituyen otro factor en contra de la preservación ambiental.
Más de la cuarta parte de los acuíferos del país según la Conanp, están sobreexplotados o en alto riesgo de llegar a esta situación; en Chihuahua el asunto es desalentador.
El escenario no es halagador, por el contrario, luce sombrío tomando en cuenta el crecimiento poblacional del país y los efectos que esto tiene sobre los ecosistemas.

Datos del Censo de Población y Vivienda 2010 del INEGI, indican que México tenía 112 millones 336 mil 538 habitantes. Sin embargo, ya para 2020 la cifra de población total ascendió a 126 millones 014 mil 024 personas.
A noviembre de 2025, según la plataforma “Geodatos.net”, la población de México es de 130.6 millones. El número de habitantes ha crecido en 902 mil 944 en el último año, lo que representa un incremento del 0.71 por ciento. La edad media de la población ha aumentado en los últimos años, al pasar de 26.7 años en 2015 a 30.7 años en 2025.
Actualmente, la esperanza de vida al nacer es de 75.4 años y la densidad de población es de 66.5 habitantes por kilómetro cuadrado.
Lo anterior permite concluir que, en tanto la población siga creciendo la demanda por un espacio para vivir, producir y sobrevivir lo hará también, incidiendo de manera directa en los recursos naturales disponibles para ello.
Además, si los habitantes del orbe no se concientizan de las consecuencias de sus acciones y la urgente necesidad de cuidar el entorno, el futuro será devastador.


