Península expuesta: la expansión urbana multiplica el riesgo ciclónico

Durante una conferencia en la ENES Mérida, el investigador David Romero advirtió que el riesgo ante ciclones es una “construcción territorial”: el crecimiento demográfico en la Riviera Maya y la pavimentación en Mérida multiplican la vulnerabilidad de la región.

Por: Yoisi Moguel

MÉRIDA, Yucatán, 13 de agosto de 2026.- El peligro no radica únicamente en la fuerza devastadora de un huracán, sino en el lugar donde decide golpear y en la cantidad de concreto y vidas que encuentra a su paso, y la Península de Yucatán enfrenta una encrucijada crítica, pues mientras la amenaza ciclónica se mantiene constante como parte natural del clima regional, el territorio se transforma a un ritmo acelerado, multiplicando la población, viviendas e infraestructura en zonas de alta vulnerabilidad.

Durante la conferencia “Expansión urbana y riesgo por ciclones tropicales en la Península de Yucatán”, David Romero, académico e investigador de la ENES Mérida, advirtió que el riesgo actual es una construcción territorial, y subrayó que la amenaza no es el riesgo en sí mismo, sino la interacción entre la frecuencia e intensidad de los sistemas tropicales, la exposición de la infraestructura y la capacidad de respuesta de la sociedad.

El crecimiento demográfico y turístico se concentra justamente en las áreas con mayor probabilidad histórica de impacto, y en el norte de la Península y particularmente en la Riviera Maya, los datos presentados por Romero revelan que la probabilidad anual de registrar vientos de intensidad de huracán alcanza un 12.5 por ciento en determinadas zonas costeras, lo que equivale a una recurrencia promedio de ocho años.

Ciudades como Cancún, que pasó de ser un territorio prácticamente despoblado en la década de 1970 a una aglomeración urbana que supera el millón de habitantes, junto con Playa del Carmen y Tulum, ejemplifican este fenómeno donde la expansión ocurre sobre zonas expuestas recurrentemente a vientos extremos.

La capital yucateca no queda exenta de este escenario, y para Mérida, los registros indican una recurrencia estadística de vientos tipo huracán cada 20 años.

Aunque presenta condiciones distintas a la costa, la ciudad enfrenta sus propios desafíos de vulnerabilidad, especialmente por la acelerada pérdida de suelo permeable debido a la pavimentación y la edificación masiva, lo que reduce la capacidad de infiltración del agua y agrava las inundaciones ante lluvias intensas.

David Romero enfatizó que no siempre el ciclón más potente genera el mayor desastre, y cito como ejemplos los huracanes Isidoro en 2002 y Wilma en 2005, o la tormenta Cristóbal en 2020, demostraron que la lentitud de desplazamiento y la acumulación de lluvia pueden ser devastadoras.

En contraparte, el huracán Patricia, el más intenso registrado en la historia, tocó tierra en una zona deshabitada provocando daños menores, lo que demuestra que la densidad poblacional define la magnitud de la tragedia.

En las franjas costeras de la Riviera Maya, la situación se complica con la eliminación sistemática de manglares y vegetación nativa para dar paso a desarrollos inmobiliarios. Al destruir esta infraestructura natural que amortigua el impacto del viento y el mar, la vulnerabilidad se eleva.

Frente al cambio climático, que no necesariamente incrementará el número de ciclones pero sí su potencial de intensidad y precipitación extrema, la respuesta no puede limitarse a la reacción posterior al desastre.

El investigador concluyó que la verdadera adaptación requiere evitar la nueva exposición en zonas costeras, actualizar normativas de construcción, proteger redes críticas de agua y energía, conservar los ecosistemas y reordenar la expansión urbana como una prioridad estratégica de seguridad.