La temporada otoñal no solo transforma el paisaje con tonos dorados y rojizos, sino que activa ciclos agrícolas de clima fresco que reducen el uso de plaguicidas y ofrecen una amplia variedad de frutas, hortalizas y granos esenciales para preparar el organismo rumbo al invierno.
Por: Redacción
CIUDAD DE MÉXICO, 28 de septiembre de 2026.- Paisajes naturales teñidos de tonos dorados, naranjas y rojizos, acompañados por el crujido suave de las hojas secas en los suelos, marcan el inicio del otoño, estación del año que frecuentemente es asociada a la nostalgia, el arte y la reflexión profunda, representa también un periodo fundamental de vida y alta productividad para el campo mexicano.
Durante esta temporada, los productores agrícolas del país ponen en marcha diversos ciclos de cultivo adaptados a temperaturas más bajas.
Las condiciones climáticas frescas de la época favorecen la labor en el campo al reducir de manera natural la presencia de plagas y enfermedades, lo que deriva en una disminución sustancial en el uso de plaguicidas.
Además, el comienzo del otoño coincide con el punto más alto del periodo de lluvias, permitiendo que las siembras aprovechen al máximo las reservas de agua en el suelo.
Entre los productos que se siembran activamente en este periodo destacan granos como el maíz, trigo, sorgo y cebada; leguminosas como el frijol y el garbanzo; e hortalizas fundamentales en la dieta nacional como el jitomate, ajo, calabacita, cebolla, brócoli y espinacas.
A la par de la siembra, el otoño destaca por la cosecha de alimentos ricos en nutrientes y antioxidantes, clave para fortalecer el sistema inmunológico de manera natural ante la proximidad de la temporada invernal y los descensos de temperatura.
En el rubro de las frutas, la oferta del campo mexicano incluye la granada roja —rica en potasio, ácido fólico, vitamina C y K—, así como la mandarina, la naranja y la guayaba, esta última catalogada como una de las principales fuentes de vitamina C y fibra.
A la lista se suman la pera, por su alto contenido de agua y fibra; el tejocote, fruto tradicional indispensable en las preparaciones de la época; y la calabaza de Castilla, reconocida por su aporte en betacarotenos.
En cuanto a las verduras y hortalizas estacionales, la humedad de la época favorece el crecimiento de setas y hongos que aportan proteína vegetal, de igual forma, sobresalen las zanahorias y verduras de raíz, idóneas para platillos calientes; el jitomate, con su aporte de licopeno contra el aire seco; y el chile verde, cuya capsaicina estimula y despeja las vías respiratorias.
La lista de hortalizas protectoras para esta temporada se complementa con el brócoli, la calabacita, las espinacas y las cebollas, estas últimas consideradas antibióticos naturales por sus compuestos sulfurados.
Por su parte, el ajo destaca por la alicina, un activo de fuerte acción antiviral y antibacterial efectivo contra afecciones estacionales.
Especialistas e instituciones del sector hacen un llamado a la población a consumir los alimentos que ofrecen los campos y costas mexicanas durante estos meses, así como a realizar sus compras en mercados locales directamente con familias productoras y sin intermediarios, medida que impulsa el comercio justo y apoya el desarrollo económico de las comunidades rurales del país.


