Arturo Soto Munguía / El Zancudo

La Primera Transformación duró 48 años si consideramos el inicio de la Independencia en 1810, hasta el inicio de la Guerra de Reforma que inició en 1858 y es considerada según el manual amlista, como la Segunda Transformación de México.



Duraría 52 años, pues la Tercera Transformación es la Revolución Mexicana que inició en 1910 y sería la más prolongada, asumiendo que la cuarta comenzó en 2018. Es decir, duró 108 años.



¿Cuántos años les gusta para que dure, historiadora lectora, transformador lector, esta Cuarta Transformación que está por cumplir tres añitos en su más tierna infancia?



A juzgar por lo que estamos viviendo, diríase que no mucho.



El 1 de julio de 2018 es considerado el parteaguas y el punto de partida para la construcción de un nuevo régimen, el relanzamiento de la República, la toma de distancia respecto a la revolución institucionalizada que transitó por un siglo convulso en el plano internacional y que a pesar de los pesares se mantuvo en pie durante décadas.



Imposible resumir en unas cuantas líneas todos los sucesos que fueron erosionando la hegemonía ‘revolucionaria’ hasta arrebatarle el poder presidencial.



Tampoco es -Dios me libre-, el objetivo de esta columna que sólo busca aventurar algunas ideas sobre la permanencia de la nueva clase política en el poder (lo de ‘nueva’ es un decir) a la luz de lo que parece un acelerado proceso de descomposición de su hegemonía.



Por primera vez en tres años, el presidente Andrés Manuel López Obrador admitió ayer la posibilidad -y la preocupación- de que su partido (y sus aliados) pierdan la mayoría en la Cámara de Diputados, sin duda la fuente de legalidad (y a veces de legitimidad) de lo que ha dado en llamar su proyecto de nación.



A fuerza de ser objetivos, diríase que al partido del presidente no le ha ido bien electoralmente desde 2018. Ya se ha mencionado en este espacio cómo en las elecciones estatales de 2019 Morena perdió al menos tres millones de votos, de acuerdo al consejero de Morena y aspirante en su momento a la dirigencia nacional de ese partido, Alejandro Rojas Díaz Durán. Y en 2020, Morena fue apaleado en las elecciones estatales de Coahuila e Hidalgo.



También suele citarse que hace seis meses, Morena tenía amplias ventajas que aseguraban triunfos en 13 de las 15 gubernaturas en disputa este año. Hoy la cifra se ha reducido a ocho y en cinco más la diferencia ha venido cerrándose.



Los factores para que esto sucediera son muchos y muy variados, algunos internos en el partido oficial, como la mala elección de candidatos (Nuevo León); la imposición a sangre y fuego de otros (Guerrero); el poco posicionamiento de marca (Querétaro, Baja California Sur) y sin duda los conflictos internos.



Hay otros elementos exógenos como la mismísima pandemia que evidentemente no cayó como anillo al dedo para los propósitos de la 4T, como aseguró en su momento el presidente y al contrario, la suma de errores en su abordaje ha minado simpatías y eso se refleja en las encuestas.



Temas como el de la salud pública, recortes presupuestales y eliminación de fideicomisos; la confrontación con sectores amplios de la población que han disentido del gobierno y por ese solo hecho han sido estigmatizados (mujeres, médicos, constructores, abogados, por citar algunos); personajes involucrados en actos de corrupción y nepotismo; el creciente clima de inseguridad pública que no solo no ha sido controlado, sino que a veces parece desbordarse, a contrapelo del discurso oficial que insiste en que las masacres han desaparecido y el narco ya no controla territorios.



Y siempre la memoriosa lectora, el puntilloso lector podrán citar algunos más, pero el hecho cierto es que de aquella aprobación del 75 por ciento con el que comenzó la 4T, hoy apenas rebasa el 50 por ciento.



Tienen suerte de que la oposición no haya podido articular una plataforma que apunte hacia un solo objetivo y carezca de liderazgos consistentes, pero aun así, los propios voceros oficiales reconocen que la elección 2021 estará lejos de parecerse a la de 2018.



Si el partido del presidente no logra la mayoría en el Congreso, seguirán tres años bastante complicados, aún más marcados por la confrontación y los desencuentros que, en el camino de la sucesión presidencial 2024, ya con AMLO en retirada podría significar el declive de una Cuarta Transformación proyectada para durar décadas, pero que no pudo ser.



Por eso es tan importante para la 4T afianzar su hegemonía en las elecciones de este año, una tarea que se les está complicando.



Entre un gobierno que no termina de cuajar y una oposición que propone un retorno al pasado que los mexicanos rechazaron en las urnas hace tres años, la disyuntiva no es alentadora.



En un clima tan polarizado, está cabrón el dilema entre una buena dictadura y una mala democracia.



II



Apenas comienza la primavera y en Sonora ya registramos temperaturas de 40 grados. El verano, como siempre, asoma sus inclemencias desde ahora y pone a temblar a todos, porque la situación no ha sido fácil en la pandemia y lo que viene será la puntilla a las diezmadas economías familiares.



A casi todos nos tiembla el dedo para oprimir el botón de encendido de los aparatos de refrigeración, que hace mucho dejaron de ser un lujo en estas tierras donde los veranos disparan el termómetro hasta los 50 grados centígrados.



Como cada año, la gobernadora Claudia Pavlovich formalizó ante el secretario de Hacienda, Arturo Herrera y el director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Barttlet la gestión para la firma de un convenio que formalice el subsidio a las tarifas eléctricas y evitar que miles de familias sonorenses entren a la disyuntiva de solventar sus gastos cotidianos o pagar los abultados recibos.



El convenio permite equiparar a la tarifa 1F en los 72 municipios de la entidad, las tarifas domésticas 1A, 1B, 1C, 1D y 1 E, y que los clientes de alto consumo sean favorecidos con el apoyo de la tarifa de origen, a fin de evitar que se les eleve sustancialmente el cobro.



El subsidio representa un importe de 601 millones de pesos y beneficiará a todos los municipios del estado a partir del primero de mayo y hasta el 31 de octubre.



En años anteriores la gestión ha resultado exitosa y se espera que no sea diferente esta vez, considerando que la gobernadora ha sabido granjearse la cercanía con el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, a quien ya le planteó directamente esta problemática.



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