• Fueron inhumados en el atrio de la Misión de San Francisco Javier, donde José Noriel Portillo alias “el chueco”, los ultimó a balazos junto a un guía de turistas

Chihuahua, 27 de junio.- Entre llanto, danzas, cantos y aplausos, fueron despedidos los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar, cuyos restos ya descansan en el atrio de la Misión de San Francisco Javier de Cerocahui, justo donde hace una semana fueron asesinados a balazos junto al guía de turistas Pedro Eliodoro Palma.

Al menos un centenar de habitantes del poblado y de comunidades aledañas se dieron cita en el lugar, a una semana de que José Noriel Portillo alias “el chueco”, les quitó la vida junto al guía de turistas Pedro Eliodoro Palma.

La última misa exequial en su honor fue oficiada por el obispo de la Diócesis de la Tarahumara, Juan Manuel González Sandoval y el provincial de la Compañía de Jesús en México, Luis Gerardo Moro, en ceremonia que estuvo combinada con rituales y música tradicionales de la etnia rarámuri.

Entre los asistentes estuvo la gobernadora Maru Campos y la secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, en representación del gobierno de la república.

González Sandoval en la homilía, pidió no echar culpas tras lo sucedido, dijo que espera que la muerte de los sacerdotes sirva para la reconstrucción del tejido social.

Indicó que la Compañía de Jesús se compromete en mantener un diálogo crítico con las autoridades de los tres niveles, con la intención de colaborar en la seguridad de los habitantes de la sierra Tarahumara.

La gobernadora Campos reiteró su compromiso de que este homicidio no quedará impune.

Añadió que se necesitará de la participación de la ciudadanía y de la comunidad jesuita, en colaboración con las autoridades de los tres órdenes de gobierno, que llevan las investigaciones para lograr la captura del agresor.

Desde la semana pasada, más de mil elementos de distintas corporaciones continúan con la búsqueda de “el chueco”, por cuya cabeza el gobierno de Chihuahua ofrece una recompensa de 5 millones de pesos.

TRAS PEREGRINAR UNA SEMANA, JESUITAS LLEGAN A SU ÚLTIMA MORADA

El peregrinar de los cuerpos finalmente tuvo su final en Cerocachui, una semana después de que su asesino, tras cometer el crimen ordenó a su séquito llevarse los cadáveres para posteriormente abandonarlos en el poblado de Pitorreal, a 100 kilómetros de distancia.

Tras su hallazgo un día después, el Servicio Médico Forense de Ciudad Cuauhtémoc fue su siguiente parada. Ahí permanecieron hasta el sábado siguiente, cuando fueron trasladados a la capital para celebrar la primera de tres ceremonias eucarísticas en su honor, en el templo del Sagrado Corazón de Jesús.

La segunda misa exequial se celebró el pasado domingo en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en el pueblo mágico de Creel, municipio de Bocoyna.

La tarde del mismo domingo regresaron finalmente a Cerocahui donde fueron recibidos por sus pobladores quienes a pie acompañaron por más de 20 kilómetros el cortejo fúnebre, hasta la iglesia en la que fueron velados y posteriormente inhumados.

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