Arturo Soto Munguia / El Zancudo
Estamos en la recta final de un proceso electoral que podría pasar a la historia como el más violento que se recuerde. Todavía faltan 12 días para la jornada del llamado ‘Día D’, y la estela de asesinados en el país rebasa el centenar, entre candidatos y funcionarios o colaboradores.
La mayoría de ellos, ejecutados con el sello característico del crimen organizado, que en los últimos 3 años ha dejado una estela de más de 50 mil homicidios dolosos, entre los que se cuentan civiles, policías y militares.
Es un auténtico río de sangre el que cruza el país de punta a punta para mostrar el fracaso de una política de seguridad pública que no solo incumplió aquella promesa repetida en campaña de regresar al ejército a los cuarteles, sino que militarizó como nunca la vida pública nacional, sin que los resultados alienten la esperanza de que las cosas van a cambiar.
De hecho, las cifras de homicidios dolosos rebasan con mucho las de sexenios anteriores, a los que se puede seguir culpando de haber dejado una herencia maldita, pero si el actual gobierno no da resultados, el argumento es cada vez más insostenible.
Diluir la responsabilidad en los gobiernos estatales y municipales tampoco suena ya muy convincente, sobre todo porque con eso se pretende voltear para otro lado por parte de la principal autoridad encargada del combate al crimen organizado y sus delitos de orden federal.
En el olvido quedaron aquellos días en que se pensaba -nunca he sabido a cuenta de qué tipo de blindaje moral o de corrección política-, que Sonora estaba exento de esta barbarie.
La artera ejecución de Abel Murrieta Gutiérrez sacudió al estado y al país entero por la pasmosa facilidad con que dos jóvenes armados llegan a pie, desenfundan sus pistolas y lo asesinan a media mañana, en una céntrica esquina de Ciudad Obregón, y desaparecen a fuerza de carrera.
Pero no es el único caso. En San Luis Rio Colorado ejecutaron de forma similar al ex esposo de una funcionaria pública del ayuntamiento y en Nogales, un colaborador cercano del alcalde Jesús Pujol fue capturado como presunto responsable del asesinato de Cecilia Yépiz, ex funcionaria de la comuna.
En Hermosillo, al menos dos tipos agreden salvajemente a la doctora María Isabel Batriz, ex directora de Prevención del Delito en el ayuntamiento, y quien recientemente había renunciado para sumarse a la campaña electoral de Antonio Astiazarán, candidato opositor al actual gobierno municipal.
Un extraño incidente se registró hace unos días en el Centro de las Artes de la Universidad de Sonora, cuando fueron incendiadas varias palmas ubicadas en la banqueta de ese céntrico lugar, que por si fuera poco es la sede alterna del Instituto Estatal Electoral para los debates de candidatos y se presume que allí se va a instalar el centro de cómputo para el conteo de votos.
Tantos y tan lamentables hechos no pueden ser una buena señal en un proceso electoral donde las animosidades se han exaltado y, frente a una contienda que dejó solo a dos candidatos con posibilidades reales de ganar la gubernatura, el discurso, las militancias y las lealtades antes dispersas hoy se han atomizado en dos grandes bloques: los que quieren que gane Durazo y los que no quieren que gane Durazo. O viceversa: los que quieren que gane El Borrego y los que no quieren que gane El Borrego.
Y para que no quepa dudas de la atomización citada, este martes estarán en Hermosillo Claudio X González y Gustavo de Hoyos, nada más y nada menos que dos poderosos capitanes de empresa que son los impulsores de la alianza Va por México, que nació de una iniciativa originalmente llamada Sí por México, cuya divisa principal es impedir los triunfos de Morena en el país. Ambos son los más radicales opositores a López Obrador y bajo su convocatoria es que se formó la alianza PRI-PAN-PRD.
Cada bloque tiene sus razones, válidas y legítimas, pero lo que no se puede permitir es que la rijosidad escale, que la violencia verbal se posicione en la narrativa electoral. Porque de ahí a la violencia física hay solo un pasito.
Y, como lo mencionamos en alguna ocasión, el momento puede llegar en que ya no sirva de nada saber quién lanzó la primera piedra. Aguas con eso.
II
Y a propósito de reacomodos, migraciones y reagrupamientos, si algo está tensando mucho las cuerdas del actual proceso son los movimientos que se vienen dando en algunos partidos políticos, unos voluntarios, otros obligados, como es el caso de los eventuales cambios de candidatos que Morena y sus aliados deben hacer, mandatados por un ordenamiento del Tribunal Estatal Electoral, por haber sobrepasado la cuota del convenio de candidatura común.
No se sabe bien a bien cómo vaya a terminar este litigio, pero podría dejar al PANAL fuera del convenio, o ‘bajar’ a algunos candidatos a diputados locales que estarían obligados a registrarse nuevamente, pero ya no como comunes. El problema es que las boletas electorales ya están impresas.
El asunto se complicó hacia adentro de los partidos que llevan candidatos comunes, pero también hacia afuera, porque la presidenta del IEE, Guadalupe Taddei fue pillada en una machincuepa con la que quiso validar a los candidatos del PANAL mediante un documento sin firmas ni presentado antes al resto de los consejeros.
Eso le valió un extrañamiento por parte del PAN, pero también una solicitud de ese partido pidiendo su destitución. El proceso está ya en la ruta de la judicialización preelectoral, así que sáquenle cuentas cómo va a estar en lo poselectoral.
En Movimiento Ciudadano la suma de Ricardo Bours a la campaña de Ernesto Gándara dejó bastante confundidos a candidatos, militantes y activistas. Durazo se refirió a Bours como ‘un cadáver político’ (mala semántica después de la ejecución de Abel Murrieta), y ayer un nutrido grupo de promotores del voto de MC se sumaron a la campaña de Antonio Astiazarán en Hermosillo.
Como sea, la sombra de la dispersión apareció en MC, y al menos el candidato a la alcaldía de Arivechi, Abel Robles, anuncio su adhesión a la campaña de El Borrego.
Lo mismo hizo Mario “Canicas” Castro, líder de Morena en Arizpe, y la candidata a la alcaldía de Baviácora por el PT, Dulce María Robles también se sumó a la campaña de Ernesto Gándara.
Se espera que en los próximos días se anuncien nuevas adhesiones por parte de morenistas a la candidatura de El Borrego, que quizás no sean los grandes liderazgos estatales, pero representan fuerzas locales importantes, e indudablemente afectan anímicamente la campaña de Morena.
Falta ver muchas cosas en los días que restan para la jornada electoral.
PD.- Movimiento Ciudadano será uno de los grandes damnificados en este proceso. Si alguna expectativa levantaron algunos de sus candidatos y candidatas (David Figueroa, Claudia Cano, Carmen Palacios, Denisse Navarro, Claudia Neudert, Gustavo Almada, entre otros), el asesinato de Abel Murrieta y la salida de Ricardo Bours los dejó en shock.
La dirigencia nacional de MC lo más que tiene para ellos son palmaditas en la espalda, pero si ni siquiera les ayuda con utilitarios (calcas, volantes, lonas, etc), mucho menos con fondos. Los votos que saquen serán a puro pulmón y por la talacha diaria y los perfiles de cada uno. Pero si en 2018 fue el partido que más creció (después de Morena, y desde luego que no en proporciones siquiera cercanas), Movimiento Ciudadano en Sonora puede tener la peor jornada en su corta historia.
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