Arturo Soto Munguia / El Zancudo

De Manlio Fabio Beltrones para acá, creo que solo excepción hecha de Armando López Nogales, al resto de los gobernadores de Sonora sus panegíricos les han visto ‘hechuras’ presidenciales y entre su segundo y tercer año de gobierno, los han candidateado abierta o subrepticiamente como posibles contendientes de sus partidos a la primera magistratura del país.



A Eduardo Bours llegaron incluso a perfilarlo como el líder de un movimiento para relanzar a su partido, modernizarlo, reconstruirlo desde Sonora a partir de lo que él mismo dio en llamar el PRI-Sonora, que se suponía independiente y rebelde respecto a las decisiones del centro del país.



Al mismísimo Guillermo Padrés ya lo hacían entrando a Los Pinos montando un brioso corcel y a Claudia Pavlovich la han colocado en varias encuestas como la priista mejor posicionada entre los posibles aspirantes a la candidatura para 2024.



Por razones de calendario electoral, la sucesión presidencial no coincide con la gubernamental en Sonora, sino con el tercer año de ejercicio de los gobernadores y casi siempre sus colaboradores más cercanos se encargan de alimentar esa especie que, vale mencionar, no parece molestarles.



Salvo a Claudia Pavlovich, a quien hace unos tres años, cuando comenzaron a barajar su nombre como posible candidata a la silla presidencial, le pregunté al respecto durante una gira por la sierra. Con un dejo de picardía solo respondió: “ni aunque fuera pluri”.



Pero en el caso de Alfonso Durazo se volaron la barda. Todavía no rinde protesta como gobernador del estado y ya lo apuntaron como candidato a la presidencia dentro de tres años.



Aunque si hacemos memoria, la candidateable lectora, el aspiracional lector habrán de recordar que en el mitin de cierre de campaña de Ernesto Gándara en Cajeme, cuando le cedió el micrófono a Ricardo Bours éste mencionó claramente que el plan de Alfonso Durazo era la candidatura presidencial, y la gubernatura de Sonora era solo una parada en ese camino. Técnicamente, Bours fue el primero que lo destapó.



Pero ayer, cuando el hoy gobernador electo visitó Palacio Nacional, sus cercanos se encargaron de difundir con profusión una fotografía en la que aparece al lado del presidente Andrés Manuel López Obrador. La imagen fue tomada en la Galería de los Presidentes ubicada en el primer piso del área de gobierno y en ella aparecen los retratos de los mandatarios que han pasado por allí desde el siglo XIX.



‘Casualmente’, los que aparecen tras esa imagen son los presidentes nacidos en Sonora, distinguiéndose claramente a Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón. Más al fondo, aunque casi no se distingue, aparece un cuarto retrato, posiblemente de Abelardo L. Rodríguez.



En la cultura política mexicana, donde todo se interpreta como ‘señales’ de algo, la imagen produjo varios micro orgasmos entre los más fieles al del Bavispe, que inmediatamente comenzaron a sacar conjeturas, sobre todo porque en estos días, el fuego amigo entre los dos más aventajados precandidatos presidenciales, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum arreció de tal manera que amenaza con descarrilar sus aspiraciones con más estrépito que los vagones de la Línea 12 del metro capitalino.



Ante el documentado reportaje del NYT sobre las causas de la tragedia en Tláhuac, a la que muchos analistas adjudican parte de la debacle electoral del Morena en media Ciudad de México, el propio López Obrador hubo de salir al quite acusando -al modo-, a los conservadores de estar detrás de las filtraciones que alimentaron dicho reportaje, y advirtiendo la intención de confrontar a sus dos ‘delfines’.



Agregó, no sin sorna, que Morena tiene muchos más hombres y mujeres con posibilidades de aspirar a la candidatura presidencial en 2024 “hasta para prestarles a la oposición”, dijo. Y ya en ese viaje, pues hasta Gerardo Fernández Noroña le tomó la palabra y levantó la mano para apuntarse en la lista.



Como sea, el antiquísimo juego del ‘tapado’ ya comenzó y con él, las prisas por montar los becerros que por eso los hacen pandos.



Alfonso Durazo acudió con el presidente a presentarle proyectos de desarrollo para Sonora entre los que destacan la modernización del puerto de Guaymas y el aeropuerto de Ciudad Obregón, así como posibles soluciones a añejos conflictos de la etnia yaqui y los mineros de Cananea.



También se reunió con sus ex compañeros de gabinete, titulares de las secretarías de Defensa, Marina, Trabajo, Agricultura, Turismo y Seguridad Alimentaria.



II



El presidente electo de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez tampoco esperó a levantar la mano para rendir protesta y ya comenzó una serie de reuniones con liderazgos sociales, grupos empresariales e instituciones financieras para plantear vías de solución a los problemas de la capital.



Ayer se reunió con Jorge Mendoza Sánchez, director General de Banobras para explorar financiamientos a proyectos estratégicos, sobre todo los relativos al tema del agua potable, la ampliación de la carretera Hermosillo-Bahía de Kino y obras complementarias para liberar del tránsito de paso que congestiona bulevares y avenidas céntricas.



“La situación obliga a buscar desde ya soluciones para empezar a aplicar al asumir el cargo en septiembre próximo, porque se trata de resolver y cumplir y no llegar a aprender o encontrar pretextos”, señaló el presidente municipal electo.



III

Concluyó el proceso electoral y en general las cosas se desarrollaron con márgenes aceptables de civilidad.



No hay que olvidar, desde luego, momentos álgidos de campañas negras que siguen siendo un recurso infaltable en estos casos, y el dramático asesinato de Abel Murrieta Gutiérrez, candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Cajeme. Un suceso que manchó definitivamente el proceso electoral y que nunca debió pasar.



Pero la gran asignatura pendiente en estas elecciones, sin duda, fue el desprecio ciudadano a la participación, al ejercicio de su derecho al voto.



Este es un tema en el que los organismos electorales, encargados principales del fomento y difusión de la cultura democrática tienen una gran responsabilidad, pero no son los únicos.



Los partidos políticos, candidatos y candidatas, así como los diferentes liderazgos sociales fallaron estrepitosamente al conseguir la votación más baja que se recuerde en los últimos procesos electorales.



Si seis de cada diez sonorenses registrados en el padrón electoral omiten acudir a las urnas, algo muy grave debe estar pasando. Es obvio que hay un marcado desinterés ciudadano por participar en la elección de sus representantes, pero ese es un efecto y no una causa.



Hay materia aquí no solo para el estudio del fenómeno, sino sobre todo para el ejercicio de la autocrítica de todos los involucrados y más aún, para poner manos a la obra en el diseño y la operación de políticas públicas transversales que reivindiquen la importancia de la participación ciudadana en estos procesos.



Lo otro es dejar morir a la sociedad en la abulia y el desdén, castrándole su condición de protagonista de los cambios sociales y dejando que sean unos cuantos, los mismos u otros, pero siempre unos cuantos, los que lleguen a los cargos públicos donde se decide por todos.



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