UNAM alerta por aumento sostenido de temperatura en CDMX

Investigador del Molina Center destaca durante un encuentro del PUEC que, aunque la capital conserva un clima agradable frente a crisis extremas como las de India o Japón, el calentamiento urbano y las islas de calor exigen acelerar medidas de mitigación y refugios climáticos.

Por: Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de septiembre de 2026.- La Ciudad de México (CDMX) experimenta un aumento paulatino y constante de temperatura desde 1990, registrando un alza de 0.34 grados Celsius por década durante los últimos 36 años, advirtió Erik Velasco Saldaña, investigador del Molina Center for Energy and the Environment, al participar en el ciclo de conferencias “Resiliencia y mitigación del cambio climático en ciudades”, organizado por el Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

Durante el panel a distancia “Tecnologías urbanas para detectar y abatir islas de calor”, moderado por el secretario técnico del PUEC, Manuel Hernández Rosales, el especialista explicó que este ritmo equivale a un incremento potencial de entre 3.4 y 3.5 grados por siglo.

Advirtió además que, bajo las proyecciones más desfavorables del cambio climático global, las estimaciones pesimistas sugieren que la capital podría elevar su temperatura en más de seis grados al cabo de un siglo.

A pesar de esta tendencia al alza, Velasco Saldaña precisó que la urbe cuenta con un clima benigno, caracterizado por temperaturas promedio que oscilan entre los 9 y 26 grados Celsius, aire seco y precipitaciones concentradas en las tardes de verano.

Señaló que la capital aún se mantiene lejos de los escenarios extremos reportados en metrópolis internacionales, como los 45 grados alcanzados entre marzo y mayo en Nueva Delhi, India, o los más de 40 grados registrados en Tokio, Japón.

El especialista aclaró que, aunque no se ha rebasado el umbral donde el calor impacta de forma directa e inmediata a la salud pública general, el fenómeno genera efectos indirectos en los ecosistemas urbanos y en los grupos sociales de mayor vulnerabilidad.

Entre las consecuencias principales asociadas al aumento térmico en los entornos urbanos destacan:

  • Alteraciones meteorológicas: intensificación de islas de calor, reducción de la evapotranspiración y cambios en los patrones de precipitación que favorecen aguaceros e inundaciones.
  • Deterioro de la calidad del aire: mayor reactividad química en la atmósfera, incremento en la disponibilidad de ácido nitroso y aumento en las emisiones biogénicas, amoniaco, acumulación de basura y manejo de aguas residuales.
  • Gases de efecto invernadero e incendios: alza en las emisiones de dióxido de carbono por el consumo de aire acondicionado, mayor liberación de metano en rellenos sanitarios y un incremento en los incendios en la franja de contacto entre la ciudad y el campo.

El investigador concluyó que este fenómeno responde a la combinación del cambio climático global con una acelerada urbanización que transforma las zonas habitadas en regiones sensiblemente más cálidas que sus periferias.

En el mismo encuentro, la coordinadora de campañas de Greenpeace España, Elvira Jiménez Navarro, expuso las medidas adoptadas ante las olas de calor en Europa.

La activista recomendó priorizar la biodiversidad como aliada estratégica y sugirió la implementación de refugios climáticos —espacios públicos o privados que garanticen temperaturas interiores de entre 26 y 27 grados—, además de aumentar la cobertura vegetal y la plantación de árboles para equilibrar el impacto del pavimento en las grandes ciudades.