Durante el III Congreso Internacional de Estado Abierto y Gobernanza, Beth Simone Noveck y Gabriela Ramos señalaron que la tecnología debe ser una herramienta para revitalizar la democracia y no un fin en sí misma.
Por: Miguel A. Velázquez
CIUDAD DE MÉXICO, 6 de noviembre de 2026.- La implementación de la inteligencia artificial (IA) en la gestión gubernamental abre posibilidades innovadoras para procesar propuestas ciudadanas masivas, diagnosticar problemáticas sociales con precisión y priorizar la atención de los servicios públicos, aseveró la directora de GovLab (Governance Lab) de Northeastern University, Beth Simone Noveck.
Durante su participación en la “Conferencia Magistral sobre Inteligencia Artificial en Gobierno” —enmarcada en el III Congreso Internacional de Estado Abierto y Gobernanza—, la especialista sostuvo que la incorporación de esta tecnología reta a las instituciones a transformar los principios de transparencia, participación y colaboración en acciones concretas que revitalicen el sistema democrático.
El evento se desarrolló en la Unidad de Estudios de Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Zona Cultural de Ciudad Universitaria, contando con la presentación de la exsubdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO, Gabriela Ramos Patiño, y la moderación de la directora de Gob-Lab del Programa Universitario de Gobierno de la UNAM, Laura Certucha.
«El desafío actual no consiste en viabilizar que las personas expresen sus opiniones, sino en potenciar habilidades institucionales para sistematizarlas, aprender de ellas y traducirlas en políticas más acertadas y servicios públicos óptimos», enfatizó Noveck.
Para ilustrar el potencial de la tecnología, Noveck rememoró que en 2007, durante la transición del gobierno del expresidente estadounidense Barack Obama, una plataforma de gobierno abierto recopiló 125 mil propuestas en una semana.
Sin embargo, el ejercicio dejó en evidencia que las instituciones carecían de capacidad operativa para procesar tales volúmenes de información en tiempos razonables.
Frente a esa limitación histórica, la investigadora explicó que las herramientas contemporáneas de IA permiten clasificar e interpretar grandes volúmenes de datos a una escala antes inalcanzable.
Destacó como ejemplo las acciones posteriores a los incendios forestales en California, donde miles de sugerencias vecinales fueron procesadas con algoritmos de IA para formular 19 iniciativas concretas de política pública, de las cuales cinco fueron aprobadas.
Asimismo, citó el caso de una docente en Australia que desarrolló una aplicación orientada a la evaluación de habilidades de comunicación en inglés.
El software se extendió a múltiples distritos escolares, liberando tiempo administrativo para que el personal docente brindara asistencia directa al alumnado.
En este sentido, aclaró que la automatización no busca reemplazar a los servidores públicos ni a los profesionistas, sino optimizar la resolución de problemas en sus respectivas áreas.
Por su parte, Gabriela Ramos Patiño coincidió en que el desarrollo tecnológico debe considerarse un canal de atención a las necesidades colectivas y no una meta aislada.
Subrayó la urgencia de destinar inversiones a la investigación, la infraestructura de datos contextualizada a las poblaciones locales y la capacitación del personal gubernamental encargado de implementar las soluciones digitales.
Ramos concluyó que la brecha o crisis de legitimidad democrática que enfrentan diversas naciones no deriva primordialmente del impacto tecnológico, sino de la distancia entre las decisiones gubernamentales y las demandas reales de la sociedad, por lo que urgió a respaldar las políticas públicas en evidencia científica y retroalimentación ciudadana continua.


