Cambio climático amenaza a un millón de especies para 2100

Julia Carabias Lillo, integrante de El Colegio Nacional y doctora honoris causa por la UNAM, advierte que el aumento de la temperatura planetaria ha rebasado los límites de seguridad de la Tierra y pone en riesgo la Agenda 2030.

Por: Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de septiembre de 2026.- El planeta se encamina hacia un escenario crítico de pérdida masiva de biodiversidad, y para el año 2100, aproximadamente un millón de especies de plantas y animales podrían extinguirse como consecuencia directa del incremento de la temperatura global, advirtió la bióloga Julia Carabias Lillo, académica de la Facultad de Ciencias de la UNAM e integrante de El Colegio Nacional, durante su participación en el seminario “Emergencia Climática. Análisis de las Opiniones Consultivas de Cortes Internacionales”, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional.

La especialista detalló que la alteración del clima no solo amenaza con la desaparición de diversos grupos taxonómicos, sino que ya provoca un desplazamiento acelerado de especies vegetales de hasta 10 kilómetros por año en busca de condiciones aptas para su supervivencia.

Las cifras actuales reflejan la magnitud de la crisis: se encuentran en riesgo de extinción el 41 por ciento de los anfibios, el 34 por ciento de las plantas coníferas y el 26 por ciento de los mamíferos.

Con el incremento térmico de 1.5 grados Celsius registrado en 2024, las proyecciones indican que el 90 por ciento de las especies endémicas del mundo experimentarán una reducción en sus poblaciones, mientras que el 95 por ciento de las especies marinas estarán bajo un nivel severo de riesgo.

Carabias Lillo enfatizó que la degradación ambiental compromete seriamente el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. Explicó que los ejes centrados en el cambio climático, así como en los ecosistemas terrestres y marinos, constituyen la base indispensable para alcanzar los demás objetivos.

Sin embargo, para lograr soluciones efectivas, se requiere atender estas problemáticas de forma simultánea, articulando metas coordinadas, esquemas de financiamiento, plazos definidos y una lectura integral de las condiciones naturales, sociales y económicas.

Asimismo, la científica alertó que la actividad humana ha llevado a rebasar los umbrales planetarios que garantizan un margen de seguridad para la habitabilidad de la Tierra.

Entre las variables fuertemente alteradas destacan la integridad de la biósfera, el calentamiento global, las modificaciones en el sistema de uso de suelo, la acidificación de los océanos, las transformaciones en el agua dulce y los flujos biogeoquímicos.

Ante este panorama, la conservacionista planteó un conjunto de metas urgentes que demandan aspirar a tasa cero en deforestación, sobreexplotación de especies, contaminación, generación de residuos y emisiones netas de gases de efecto invernadero, acompañadas de una intensa agenda de restauración ecológica.

Para materializar esta transición hacia la sustentabilidad, Carabias Lillo propuso transformaciones estructurales en diversos sectores. En materia alimentaria, subrayó la necesidad de implementar prácticas agrícolas sustentables, ordenar la actividad pesquera, preservar la diversidad genética, reducir el consumo de carne y lácteos, y combatir el desperdicio de agua y alimentos.

En cuanto a la protección de la biodiversidad, sugirió fortalecer las áreas naturales protegidas, promover cadenas de mercados verdes, generar empleo para poblaciones sin tenencia de la tierra e impulsar sistemas productivos basados en el manejo sostenible del suelo, los bosques, la pesca responsable y el ecoturismo.

En el ámbito energético e industrial, remarcó la importancia de acelerar la transición hacia fuentes limpias y renovables mediante inversiones en sistemas de baja emisión que deberán sextuplicarse hacia el año 2050, aunado al fomento de una economía circular basada en el reúso, la reparación y el reciclaje para minimizar la extracción de recursos.

Finalmente, la investigadora abogó por el rediseño de ciudades resilientes mediante el reordenamiento de la economía local, la reducción de la movilidad innecesaria, el aumento de áreas verdes, la iluminación adecuada de espacios comunitarios y la planificación territorial adaptada a las particularidades regionales del país.