Durante una conferencia magistral organizada por el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información, la especialista Cinthya Karina Castro García destacó que el reparto equitativo de las labores domésticas y de cuidados mejora la calidad de vida, fomenta entornos colaborativos y fortalece el tejido social.
Por: Miguel A. Velázquez
CIUDAD DE MÉXICO, 27 de octubre de 2026.- El reparto justo de las responsabilidades del hogar permite que todos sus integrantes dispongan de mayor tiempo libre para el ocio, el desarrollo personal y las relaciones sociales, lo que se traduce directamente en una mejor calidad de vida, externó la académica de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Cinthya Karina Castro García.
Al impartir la conferencia magistral titulada “Corresponsabilidad familiar y cuidados: responsabilidades compartidas”, la también doctorante del posgrado de Ciencias Antropológicas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia subrayó que esta dinámica genera un ambiente más armonioso y colaborativo, donde cada miembro se siente valorado y corresponsable del bienestar familiar.
La especialista indicó que involucrar a niños y niñas en estas tareas les permite adquirir habilidades fundamentales para la vida, tales como la responsabilidad, la cooperación y el trabajo en equipo.
Además, enfatizó que este enfoque contribuye de manera decisiva a superar los roles tradicionales de género y a promover la igualdad sustantiva.
En la medida en que se cuestiona la denominada “masculinidad hegemónica”, un mayor número de hombres se integra de manera activa en las actividades de cuidado, la crianza y el trabajo doméstico, reconociendo que no existe una única forma de ser hombre, sino una diversidad de vivencias para construir la identidad y el rol social.
Este cambio cultural propugna por erradicar el modelo tradicional del proveedor exento de obligaciones domésticas y autoridad impositiva, sustituyéndolo por figuras paternas capaces de estrechar vínculos cercanos con sus hijas e hijos, compartir la crianza con la madre, educar mediante el ejemplo y ejercer una disciplina positiva.
Con ello se busca revertir realidades documentadas por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, la cual reportó en 2016 que las mujeres realizaban al menos dos veces y media más trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los varones.
En el ámbito nacional, datos del Instituto de Estadística y Geografía correspondientes al año 2020 revelan que el trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados efectuado por cada mujer alcanzó un valor equivalente a 69,128 pesos anuales, en tanto que el aportado por cada hombre ascendió a 27,175 pesos.
Para cerrar estas brechas, la experta apuntó que la participación familiar debe adaptarse a la etapa vital de cada integrante: desde las infancias ordenando juguetes y colaborando en tareas básicas de limpieza, hasta los adolescentes realizando compras, apoyando en la limpieza o cuidando a hermanos menores para fomentar su autonomía y preparación adulta.
Por su parte, los jóvenes adultos deben equilibrar sus compromisos académicos o laborales con las encomiendas domésticas, mientras que las personas mayores pueden requerir asistencia en determinadas labores.
Para evaluar de manera objetiva estas dinámicas, Castro García detalló que existen indicadores especializados, tales como el porcentaje de tiempo dedicado a las tareas domésticas y de cuidado según el género, el número de horas destinadas a acciones específicas por integrante, la percepción individual de la carga de trabajo y el grado de satisfacción con la distribución de las responsabilidades en el hogar.


